En pipas y acarreando del pozo, así mitigan la falta de agua en Azoyatla

por | octubre 29, 2021
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Dese hace 15 años, bañarse, lavar los trastes o la ropa y hasta bajar la palanca del retrete son casi un lujo para los habitantes de tres colonias de Azoyatla, localidad que se ubica a 10 minutos de la cabecera municipal de Mineral de la Reforma.

Los vecinos que tienen medidor reciben agua dos veces a la semana, pero solo por las tardes; los que no tienen medidor y han construido una cisterna, compran pipas en 800 pesos o quienes como Noemí González Sandoval, que no tienen ni medidor o cisterna y acarrean desde el pozo comunitario.

Se llega a Azoyatla de Ocampo por avenida Universidad hasta encontrar un letrero de metal, instalado sobre la banqueta, que da bienvenida al centro de la localidad.

Dentro del asentamiento hay caminos de tierra y que se formaron entre la maleza, son los accesos para llegar a CerritosLinda VistaEl Arrepentimiento y calles Jalisco, donde no llega el agua, ni transporte público y tampoco hay pavimentación.

ACARREAR AGUA EN GARRAFONES

Noemí González Sandoval espera a que pase el sol de mediodía y el calor disminuya para ir al pozo a rellenar de 11 a 40 garrafones de agua y subirlos a una camioneta que acondicionó con maderas a los costados para evitar derrames.

El agua que acarrea del pozo a su vivienda es para que los cinco integrantes de su familia se bañen, laven ropa, limpien la casa y hasta para dar de beber a sus puercos, gallinas y conejos.

Llevar contenedores para almacenar agua es, además de una necesidad, una costumbre y la única alternativa que tiene Noemí desde hace 15 años, cuando llegó del Estado de México a vivir a Linda Vista en compañía de su esposo, sus dos hijos y su mamá.

Desde entonces la familia va al pozo de la comunidad para llenar garrafones de agua porque no tiene toma en su casa y, por el momento, tampoco dinero para hacer una cisterna y llenarla con pipas, como lo hacen otros vecinos.

Actualmente, Noemí cuenta con 40 garrafones para almacenar el agua que transporta en su camioneta del pozo a su hogar, pero no siempre fue así.

Cuando llegó a Azoyatla acarreaba botes a pie. Caminaba con sus hijos casi un kilómetro de terracería con un diablito de metal.

La manera de acarrear agua para Noemí ahora es distinta. Junto a su hijo, de 19 años, van cada dos o tres días a llenar sus garrafones de la llave conectada a un tanque de agua de piedra que, a su vez, es abastecido por el pozo de la comunidad.

Noemí cambió la forma de trasladar agua a su hogar, lo que no se modificó es la falta de agua que padece desde hace 15 años.

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